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El 27 de octubre, Forbes informó que Saúl “Canelo” Álvarez se había convertido en embajador e inversionista de Kalshi, una plataforma estadounidense de mercados de predicción. El anuncio llegó cuatro días antes de su combate contra Christian Mbilli en Arabia Saudita, aunque la compañía ya ofrecía contratos relacionados con el resultado de esa pelea desde el 11 de septiembre.
La asociación comenzó con una propuesta de remuneración en efectivo, pero el boxeador mexicano prefirió recibir acciones de la empresa, según Forbes. Una fuente citada por la revista valoró su participación en más de 10 millones de dólares, mientras que Kalshi incorporó su imagen a una campaña publicitaria dirigida a ampliar su presencia entre el público hispanohablante.
Canelo también exhibió el logotipo de la plataforma durante el combate, mientras que el mercado publicado por Kalshi registró su victoria sobre Mbilli el 31 de octubre. La coincidencia muestra cómo una empresa de mercados de predicción recurrió a una figura del boxeo para promocionarse en un terreno comercial cercano al de las apuestas deportivas.
Las casas de apuestas deportivas permiten pronosticar resultados mediante cuotas establecidas por el operador, mientras que plataformas como Kalshi ofrecen contratos cuyos precios dependen de las operaciones entre usuarios. Aunque sus mecanismos son diferentes, ambos modelos permiten obtener ganancias económicas al acertar el desenlace de una competición.
Esta semejanza ha comenzado a generar disputas sobre los límites entre las apuestas y los instrumentos financieros. En México, el debate regulatorio sobre los mercados de predicción también plantea interrogantes sobre su clasificación jurídica y las diferencias respecto a los servicios tradicionales de apuestas deportivas.
La incorporación de Canelo a la estrategia comercial de Kalshi refleja esa aproximación, porque la plataforma busca atraer aficionados al deporte mediante figuras reconocidas. El fenómeno resulta relevante para la industria mexicana, donde los operadores tradicionales compiten por ese mismo público y las diferencias entre ambos modelos podrían adquirir mayor importancia regulatoria.
En México, la Ley Federal de Juegos y Sorteos de 1947 otorga a la Secretaría de Gobernación (Segob) facultades para autorizar y supervisar las actividades con apuestas. Su actualización sigue pendiente, aunque el crecimiento de las plataformas digitales ha introducido modalidades que no estaban contempladas cuando se promulgó la legislación.
En septiembre, Rosa Icela Rodríguez confirmó que la propuesta de reforma estaba prácticamente terminada y sería examinada por el Gabinete de Seguridad. La actualización de la legislación mexicana sobre casinos y apuestas también coincide con iniciativas para restringir la publicidad mediante celebridades y deportistas, un asunto relacionado con la estrategia comercial de Kalshi.
El Congreso abordó específicamente los mercados de predicción el 25 de marzo, cuando el diputado Diego Ángel Rodríguez Barroso propuso solicitar a Segob que definiera su naturaleza jurídica. El planteamiento también contemplaba determinar si necesitaban permisos, establecer controles financieros y coordinar la supervisión con Hacienda, pero fue desechado el 29 de mayo sin recibir dictamen.
La distinción tiene consecuencias para los operadores, porque una eventual clasificación como apuestas podría implicar requisitos de autorización, identificación de usuarios y prevención del lavado de dinero. Sin embargo, todavía no existe una decisión legislativa que establezca ese tratamiento para los contratos deportivos de plataformas como Kalshi.
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