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Los mercados de predicción han comenzado a ganar visibilidad en México mediante plataformas que permiten adquirir contratos vinculados con acontecimientos futuros, cuyos precios cambian según la probabilidad que los participantes asignan a resultados relacionados con política, deportes, economía y otros temas.
A diferencia de una apuesta convencional, estos mercados permiten comprar y vender posiciones antes de que ocurra el evento, mientras su precio refleja las expectativas de los participantes sobre cada posible resultado.
Servicios internacionales como Polymarket y Kalshi han contribuido a popularizar este modelo, mientras también aparecen alternativas enfocadas en América Latina, una expansión que plantea interrogantes sobre cómo deberían clasificarse estas operaciones dentro de un mercado mexicano donde las apuestas y los productos financieros están sujetos a marcos regulatorios diferentes.
La discusión resulta especialmente relevante por el crecimiento de plataformas digitales que pueden utilizarse desde diferentes jurisdicciones, ya que determinar si estos contratos constituyen apuestas, instrumentos financieros o una categoría distinta condicionaría qué autoridades deberían supervisarlos y qué requisitos tendrían que cumplir sus operadores.
La similitud con las apuestas tradicionales es uno de los principales puntos del debate, ya que Gerardo Ballesteros, abogado especializado en regulación de juegos y sorteos, considera que los mercados de predicción cumplen esencialmente esa función, aunque utilicen contratos y mecanismos asociados habitualmente con productos financieros.
Esta clasificación tendría consecuencias directas para los operadores y usuarios mexicanos, debido a que las plataformas podrían quedar sujetas a requisitos relacionados con licencias, protección del consumidor, prevención del lavado de dinero, verificación de identidad y restricciones destinadas a impedir la participación de menores de edad.
El problema también alcanza a las autoridades encargadas de supervisar estas actividades, pues considerar estos mercados como apuestas podría acercarlos a las competencias de la Secretaría de Gobernación, mientras una eventual clasificación como productos financieros abriría interrogantes sobre la intervención de organismos responsables de regular ese sector.
El debate ya llegó al Congreso mexicano mediante una proposición presentada el 25 de marzo de 2026, que solicitaba a la Secretaría de Gobernación analizar los mercados de predicción digital dentro de la actualización del marco regulatorio aplicable a los juegos con apuesta y sorteos.
La propuesta planteaba definir la naturaleza jurídica de estas plataformas y determinar si necesitaban autorización para operar en México, además de establecer mecanismos de protección al consumidor y juego responsable, preocupaciones que también aparecen en iniciativas estatales dirigidas a prevenir los riesgos asociados con las apuestas digitales entre los jóvenes.
El documento también pedía coordinación con la SHCP y la Unidad de Inteligencia Financiera para supervisar operaciones realizadas mediante criptoactivos, un planteamiento que coincide con otros esfuerzos recientes para endurecer los controles antilavado y seguir los movimientos financieros vinculados con actividades consideradas vulnerables.
Sin embargo, la proposición no llegó a convertirse en una nueva regulación, ya que fue desechada y archivada definitivamente el 29 de mayo al no ser dictaminada dentro del periodo correspondiente, dejando abierto el debate mientras México también analiza otras propuestas para imponer nuevas restricciones sobre las apuestas.
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